Blogs, urinarios y web 2.0: caminando por el filo de la navaja PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Bits-ESPIRAL   
Friday, 02 de November de 2007

Blogs, urinarios y web 2.0: caminando por el filo de la navaja


Por Adolfo Estalella. Adolfo Estalella es investigador del Internet Interdisciplinary Institute (http://in3.uoc.edu/index.php/in3web_esl) de la Universitat Oberta de Catalunya (http://www.uoc.edu). Realiza su tesis doctoral gracias a una beca de la UOC, una etnografía centrada en el análisis de las prácticas blogger.

El principal objetivo de este artículo es reflexionar sobre el origen de los discursos (utópicos o distópicos) sobre la tecnología, su función, legitimidad y la forma como los articulamos en nuestras prácticas. 

Los blogs y la llamada Web 2.0 con la que se engloba a toda una serie de tecnologías (wikis, blogs, sistemas de folksonomías, etc.) ofrecen a los ciudadanos la posibilidad de participar en la cultura y convertirse no sólo en consumidores sino en productores de contenidos. De manera que un ciudadano puede ejercer de periodista desde su hogar: sólo necesita un blog, una conexión a Internet, un ordenador, una cámara digital y… poco más. Los blogs ofrecen la posibilidad de que los ciudadanos hagan política, critiquen a los grandes medios de comunicación y pongan en marcha nuevas formas de generar conocimiento. Para los profesores, el uso de los blogs en el aula supone una auténtica revolución. A través de ellos pueden desarrollar nuevas formas de enseñanza desde Internet, en un espacio abierto desde el que entablar un diálogo con los alumnos y otros docentes. En definitiva, los blogs son una auténtica revolución de Internet que va a transformar nuestra sociedad… forzando a los medios de comunicación a aceptar el periodismo ciudadano, obligando a los políticos a aproximarse a la sociedad abriendo su propio blog, permitiendo a los docentes extender su labor a través de Internet…

Pero… un momento, un momento. ¿Realmente se sostiene esa visión utópica tan a menudo aireada cuando hablamos de Internet y de las tecnologías de Internet? 

Uno de los problemas al entablar esta discusión es que el discurso sobre la tecnología incorpora muy a menudo una expectativa futura, de manera que para resolverla completamente deberíamos aventurarnos en un tiempo que aún está por llegar. La otra cuestión que complica este debate es que las transformaciones que se mencionan son de tal escala que resulta difícil establecer empíricamente, con datos en la mano, las relaciones de causa y efecto. Más aún, resulta difícil establecer el efecto mismo, porque...

¿de qué cambio estamos hablando, a fin de cuentas, cuando decimos que la sociedad será transformada, o que lo será la política o la misma educación a través de los blogs o de la Web 2.0?

Desde luego que habrá contextos locales (una agrupación política local, la sección concreta de un partido, un aula o un colegio, etc.) en los que esa transformación será constatable, pero normalmente cuando se habla de transformaciones sociales producidas por Internet, la Web 2.0., etc. esas transformaciones se refieren a la Política, en mayúsculas, los Medios de Comunicación, la Educación… la Sociedad. Así que ¿podemos hablar cambio?, más aún, ¿podemos abrazar esa expectativa de cambio?

Lo que me interesa señalar en este texto, sin embargo, no es exactamente la discusión sustantiva sobre el cambio (si los blogs han cambiado o van a cambiar Internet y nuestras sociedades) sino la misma declaración. Lo que pretendo plantear en este texto es la necesidad permanente de reflexionar sobre el origen de esos discursos (utópicos o distópicos) sobre la tecnología, su función, legitimidad y la forma como los articulamos en nuestras prácticas. Lo que propongo es un ejercicio por el cual tornemos por un momento extraño aquello que aparece como habitual con el objetivo de entrever lo que queda nos pasa desapercibido. La propuesta que lanzo es la de formular del revés muchas de las cuestiones que tomamos como punto de partida en nuestra relación con la tecnología. Es decir, suspendamos por un momento lo asumido y planteemos:

¿y si Internet no cambia realmente nada?, ¿y si no mejoramos sustancialmente con la Web 2.0?, ¿y si nuestra vida no se modifica sustancialmente con los blogs?

Lo que pretendo con este texto no es dar una respuesta sino buscar nuevas preguntas.

Una de las estrategias con las que se forja el imaginario de la tecnología de Internet (ese universo de significados a través de los cuales se dota de sentido justamente a la tecnología) es una estrategia totalizadora. Para poder decir esto o lo otro de Internet, lo primero que hemos de tener justamente es algo que se llama Internet. A simple vista es evidente, ahí está Internet: cables, adsl, conexiones a Internet, el correo electrónico. Enciendo el ordenador, abro el correo electrónico, compro un par de libros, leo el periódico, un par de búsquedas antes de realizar unas gestiones con la administración, publico las últimas fotos que hice y un nuevo artículo en mi blog… ahí está eso que llamamos Internet.

Pero en cada uno de esos momentos Internet tiene mil caras y mil y un significados diferentes (mientras leo el periódico, escribo un correo o realizo el trámite con la administración), mil y una tecnologías distintas para mil y un contextos diferentes.

Sin embargo, hablamos de Internet como si pudiéramos reducir esa diversidad pasmosa a una única entidad: Internet.

Hablamos de Internet a través de una estrategia totalizadora por la cual le atribuimos propiedades inherentes pese a esa múltiple diversidad de tecnologías, prácticas y contextos que convocamos al hablar de Internet. Y eso es justo lo que hacemos en la construcción de toda una serie de categorías con las que designamos conjuntos de tecnologías: Internet, las TIC (tecnologías de la información y la comunicación), los Blogs, etc. Construimos primero una de esas categorías: Internet, las TIC, etc. y después realizamos generalizaciones sobre ellas. Es una manera de facilitarnos la vida, pero al final esas generalizaciones nos abocan a contradicciones. Como por ejemplo nos ocurre al hablar de la Internet liberadora y alguien nos confronta ese discurso con la realidad de la Internet dominada por los regímenes dictatoriales que la convierten en un instrumento más de propaganda (¿y cómo interviene el sector privado en el control de Internet en nuestras democracias?). Claro que esos casos se toman como una desviación de lo que Internet es 'realmente', así sostenemos el ideal de la Internet democrática y mantenemos invariado y a salvo el discurso totalizador.

Basta con que reflexionemos un poco para darnos cuenta de la diferencias de prácticas que pueden encontrarse en torno a una misma tecnología y qué significados tan distintos tiene para unas personas y otras. Descendamos ahora al caso de los blogs y pensemos en la forma como se conciben y se practican en el ámbito de la docencia y comparemos con el del periodismo o la política. Las diferencias saltan a la vista y resultan, desde luego, irreconciliables.

Para algunos, el blog no pasa de ser un desahogo por el que evacuar sus desatinos, una especie de urinario electrónico, mientras que para otros es el no-va-más ante el que experimentan la misma satisfacción que frente una creación artística.

Pero ya sabemos que lo que unos consideran un simple urinario puede ser transformado (ya lo hizo Marcel Duchamp en 1917) en una obra de arte. Sin embargo, pese a que Duchamp nos muestra que el contexto (una peana en un museo) puede transformar el más mundano de los objetos (un urinario público) en una obra de arte, seguimos empeñados en esencializar la tecnología y atribuirle propiedades inherentes. Es decir, que seguimos empeñados en que un urinario sólo puede ser un urinario. Y esa tendencia por lanzarnos a las generalizaciones imposibles nos conduce a una visión homogénea de la tecnología, resumida y totalizadora que nos aboca a terribles malentendidos.

Desde los estudios sociales de la ciencia, un campo de investigación iniciado hace unas tres décadas, se ha acuñado para esta cierta imposibilidad de generalizar de una forma totalizadora sobre la tecnología el concepto de flexibilidad interpretativa. Con él se señala el hecho de que el significado de la tecnología (si es buena o mala, efectiva o no, exitosa o un fracaso, para qué sirve, cómo ha de usarse, cuáles son sus objetivos, etc.) es variable según el contexto en el que esa tecnología se ubica. Otra forma de expresarlo es diciendo que el significado de la tecnología es contextual: depende de las relaciones que establece con otros objetos y otras entidades, con otras personas, instituciones, etc. Ya lo hemos visto para el caso de los urinarios: basta con colocarlos sobre una peana de un museo para que se conviertan en obras de arte. 

Dicho esto, mi experiencia particular realizando una etnografía durante 18 meses en las que he analizado las prácticas presentes en algunos bloggers repartidos por distintas ciudades de España me ofrece algún material para indagar en ese nudo gordiano en el que se atan las promesas que los blog nos lanzan. No puedo dudar de la experiencia personal y vívida de quienes he conocido y son capaces de construir a través de su blog formas de hacer y relacionarse que resultan distintas, y hasta cierto punto, por qué no decirlo, revolucionarias.

Me refiero a quienes a través de los blogs se convierten verdaderamente en periodistas ciudadanos o pugnan por transformar las estructuras de su entorno local, ya sea una escuela o un instituto, un centro de investigación o una empresa privada.

Yo mismo he sido testigo de sus logros y fracasos y de la constante pugna por transformar a través de los blogs su realidad circundante. 

Pero he sido testigo igualmente de los tejes y manejes de quienes intentan sentar cátedra, hablan en nombre de la mayoría, sentencian y establecen la ortodoxia.

Son aquellos que dicen qué es un blog o qué debería ser, los que señalan con el dedo sus malos usos y sancionan los buenos, los que definen quién puede usarlo y cómo. Son los portavoces legitimados y visibles de eso que se llama la Blogosfera.

 

Una legitimidad muy a menudo contestada, cierto, pero a fin de cuentas, es a ellos a quienes se les concede la palabra cuando alguien ha de hablar en nombre de todos (en este caso los blogs y los bloggers). Y está bien claro que la realidad se construye no sólo a través de la tecnología, sino hablando de ella. Esos portavoces legitimados son quienes enarbolan los discursos sobre la tecnología y sobre los blogs. En ocasiones he tenido la sensación de estar presenciando una homilía religiosa cuando les he escuchado hablar o les he leído. Son los pontífices interesados o ingenuos. La cuestión que se nos vuelve a plantear es ¿cómo articulamos esos discursos en nuestra práctica? ¿Tomamos el urinario como una obra de arte o seguimos considerándolo un simple desagüe en el que orinar? 

Ante esos discursos con los que irremisiblemente vamos a comulgar por nuestra propia experiencia, es necesario dar un paso atrás. Ya he señalado cómo los estudios sociales de la tecnología han mostrado que ésta no tiene unas propiedades intrínsecas invariables, no tiene una esencia permanente (como tampoco los urinarios), de manera que cualquiera que sean las expectativas depositadas en la tecnología, por vívida y patente que sea la experiencia de empoderamiento que hemos experimentado a través de ella, la tecnología siempre podrá tomar caminos inesperados, que no desearíamos o que ni siquiera intuimos.

No es que, como dice ese lema, “la tecnología no es ni buena, ni mala, ni neutra”, todo lo contrario, la tecnología siempre es buena o mala, según su contexto, y desde luego nunca, nunca, es neutra.

Porque no hay neutralidad posible en la construcción de lo real, y la tecnología es siempre una forma de construcción de lo real (la tecnología y el discurso que la acompaña).

Sin duda, el discurso de los blogs es una forma de transformación de lo real. Transformamos la realidad simplemente hablando de ella. Pero no deberíamos fiarnos mucho de las expectativas que depositamos en la tecnología, en más de una ocasión lastradas por un ánimo excesivamente voluntarioso, ¿no?

Y ése es quizás el doble deber que como docentes, usuarios de la tecnología (y ciudadanos) deberíamos asumir: confiar intensamente en la capacidad transformadora de la tecnología (¿quién puede vivir sin expectativas de cambio?) mientras dudamos sistemáticamente de la validez de nuestras expectativas.

Pero más aún, la responsabilidad frente a aquellos a quienes enseñamos es mostrarles ese doble filo por el que deben caminar. Enseñarles a desarrollar una práctica escéptica a través de una tecnología con la que pueden intentar transformar la realidad pero que en cualquier momento puede traicionarles. 


Para referenciar este artículo:

Estalella, A. (2007) Blogs, urinarios y web 2.0: caminando por el filo de la navaja. Revista BITS-ESPIRAL, 9, noviembre de 2007. Disponible en http://ciberespiral.net


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